El libro que no te regalé por Elena Marcos

Este Día del Libro no va a ser lo mismo sin ti Maribel. Comentábamos desde que yo era una niña, ratón de biblioteca, sobre las novelas que nos gustaban, relatos, poesías, política…siempre libros, esos grandes compañeros que nunca traicionan, acompañan y enseñan. 

Te gustaba leer y escuchar la radio durante horas, nunca te cansabas, hasta en eso nos parecíamos. 

Compartíamos aficiones como la lectura y charlas sencillas, llenas de palabras bonitas. Eras una persona encantadora. Buena y amable. Una de las mejores amigas de mamá. Para mi una segunda madre que me ha acompañado con amor y ternura en las largas estancias de mama tan enferma estos últimos años. Y en miles de conversaciones íntimas llenas de cariño mutuo. ¡Cuánto has rezado por mamá y ahora ella me pide que recemos padres nuestros cada rato, creo que no he rezado más en mi vida! 

Tengo el alma agarrotada con una tristeza que me atrapa la garganta, las lágrimas caen por mi cara y parecen hacer surcos profundos, aunque intento guardarlas por miedo a que el dolor me desgarre, pues hay que cuidar a mamá. De hecho salíamos del tanatorio y me dijo: “Tengo que llamar a Maribel para contarle”. 

Tu muerte ha sido un mazazo. Ni ella ni nadie puede creer que estés muerta. Yo la primera. He pasado a despedirme de ti pero tu rostro no era tuyo. Tu alma ya se había ido a otro mundo, lleno de nubes suaves. 

Hoy se celebra uno de los días que más me gustan del año: el día de Sant Jordi, 🌹 📖. Y mi pena es no haber podido darte el libro que te había comprado con tanto cariño ( me decías cuando esté mejor María Elena, tenemos confianza, sólo tú y mamá me llamáis así). Te digo el título, “Biografía del silencio” de Pablo Ors, porque quizá desde el cielo que seguro existe, aunque sólo sea para devolverte parte de lo que hiciste en la tierra, lo veas y puedas leerlo, seguro de que de otra forma, con la mirada de las personas elevadas que ven con los ojos del Alma lo que otros sólo intuimos.

Hay una frase en el libro que parece te la hubieran escrito para ti: “De manera que no hay que inventar nada sino recibir lo que la vida ha inventado para nosotros; y luego eso si, dársela a los otros”. Abandonarse en la entrega a los demás. ¡Qué bien se te daba!

Y ni una queja, nunca. Siempre dulzura, así te recuerdo desde que era una niña.

No hemos podido estrenar la primavera y no pude darte el último libro que te compré mientras estabas convaleciente de una bacteria que parecía no tener importancia. Nos quedaban muchos planes por hacer juntas: una película, una merienda rica con mamá, un día de zarzuela, un paseo agradable sin pretensiones. Un ratito más contigo bonita.

Con este poema te digo hasta luego mi querida Maribel, buena de solemnidad.

Se me ha muerto Maribel, a quien tanto quería. 

En Orihuela, su pueblo y el mío
Se nos ha muerto como del rayo Ramón Sijé
A quien tanto quería)

Yo quiero ser llorando el hortelano
De la tierra que ocupas y estercolas
Compañero del alma tan temprano

Alimentando lluvias, caracolas
Y órganos mi dolor sin instrumentos
A las desalentadas amapolas

Daré tu corazón por alimento
Tanto dolor se agrupa en mi costado
Que por doler, me duele hasta el aliento

Un manotazo duro, un golpe helado
Un hachazo invisible y homicida
Un empujón brutal te ha derribado

No hay extensión más grande que mi herida
Lloro mi desventura y sus conjuntos
Y siento más tu muerte que mi vida

Ando sobre rastrojos de difuntos
Y sin calor de nadie y sin consuelo
Voy de mi corazón a mis asuntos

Temprano levantó la muerte el vuelo
Temprano madrugó la madrugada
Temprano está rodando por el suelo

No perdono a la muerte enamorada
No perdono a la vida desatenta
No perdono a la tierra ni a la nada

En mis manos levanto una tormenta
De piedras, rayos y hachas estridentes
Sedienta de catástrofes y hambrienta

Quiero escarbar la tierra con los dientes
Quiero apartar la tierra parte a parte
A dentelladas secas y calientes

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
Y besarte la noble calavera
Y des amordazarte y regresarte

Y volverás a mi huerto y a mi higuera
Por los altos andamios de las flores
Pajareará tu alma colmenera

De angelicales ceras y labores
Volverás al arrullo de las rejas
De los enamorados labradores

Alegrarás la sombra de mis cejas
Y tu sangre se irá a cada lado
Disputando tu novia y las abejas

Tu corazón, ya terciopelo ajado
Llama a un campo de almendras espumosas
Mi avariciosa voz de enamorado

A las aladas almas de las rosas
Del almendro de nata te requiero
Que tenemos que hablar de muchas cosas
Compañero del alma, compañero

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